por Eduardo Arroyo (El Mundo)
‘’Yo no quiero noquear a mi adversario. Quiero pegarle, alejarme, y mirar como le duele. Yo quiero su corazón’’. Joe Frazier.
La polémica, inevitablemente, está servida. Un club llamado Los Cien Hijos de Joe Louis aparece como un relámpago en un cielo sereno. Hasta ahora nadie nos había explicado el porqué de muchas interrogaciones sobre la actualidad del boxeo en España y es probable que el nacimiento de este club de defensores de ese noble arte permita por lo menos quediferentes posiciones se enfrenten y que de esta manera se puedan escuchar voces y
opiniones contrarias.
Ya esto sería un resultado y la primera justificación de la necesidad de crear, entorno a este deporte, un club de aficionados que quieren que se disipen conceptos pseudoprogresistas y morales que revolotean en torno al cuadrilátero.
Los Cien Hijos de Joe Louis es un club de artistas, creadores e intelectuales que nace para despejar las sombras que ocultan el boxeo, para resaltar la belleza de este deporte y sus vinculaciones con el mundo de la cultura. Un club de personas con voz propia que quieren hablar de cultura y boxeo, de puños y letras.
El boxeo en España es un deporte perfectamente legal y federado y está tutelado por el mismísimo Ministerio de Cultura a través del Consejo Superior de Deportes.
El boxeo amateur ha representado a España en todos los Juegos Olímpicos y la medalla del cordobés Rafa Lozano ha contribuido a engrosar el cupo de medallas ganadas para España en otras disciplinas, aunque en los medios de comunicación se le ha mirado injustamente por encima del hombro con una resignada sonrisa, prefiriendo quizá que hubiera sido otro deportista y no un pequeño boxeador el que se la colgara al cuello.
El boxeo, como los toros, es una actividad muy dura y, en los dos casos, su práctica requiere temple, entusiasmo, espíritu de sacrificio y sobre todo pasión. Aunque sea poco amigo de estadísticas y encuestas, hay que decir que el pugilato se encuentra situado en el puesto número 12 en la clasificación de deportes de riesgo. Todos los deportes de velocidad se encuentran en las primeras posiciones; cada centésima de segundo que pasa se multiplica el peligro y se generan, inevitablemente, algunos accidentes.Desgraciadamente, nuestra seguridad social está llena de Icaros entusiastas a los que el calor del sol ha derretido la cera con la cual eran sostenidas sus alas y los ha precipitado hacia el abismo.
En la época de la Transición, la progresía rampante silenció el boxeo y lo fue hábilmente acorralando. Jubiló a los periodistas especializados y le negó todo tipo de información ocultando gestas y resultados. Bajo el pretexto de que el médico del general Franco era el presidente de la Federación Española de Boxeo, este deporte fue expulsado de las redacciones sin miramientos y las columnas de los periódicos sólo se abrieron para mostrar el cadáver suicida de Urtain aplastado sobre la calzada, el mordisco de Mike Tyson a Evander Holyfield y la muerte de Pedro Carrasco, un formidable campeón de boxeo, pero sobre todo el marido de Rocío Jurado.
Esto es injusto. El boxeo no es de derechas ni de izquierdas, no es reaccionario ni progresista, como tampoco el ajedrez a pesar de lo que proclamaba Fidel Castro es un deporte revolucionario, ni el tenis, el esquí o el alpinismo por cierto, terriblemente peligroso son de derechas.
Silenciar el boxeo en los medios de comunicación no es sano y apartar la polémica tampoco. Adivinamos en nuestra sociedad tan compleja y variada unos signos poco alentadores. Mostrar, explicarse, debatir, contradecir... es sano; ocultarse bajo espesas capas de moralina es peligroso, injusto y está totalmente fuera de lugar.
En España se nos va por las mañanas la fuerza por la boca y, en general, temprano. Las tertulias radiofónicas lanzan a las ondas palabras y palabras más o menos inteligentes, pero que, en cualquier caso, se las lleva el viento como en la prensa escrita una noticia cubre a la otra. Discursos que no tienen nada que ver con el debate y la contradicción.
Esta sociedad necesita explicar por qué eso que se llama lo políticamente correcto se convierte en aburrimiento correcto. Los debates y las discusiones hay que llevarlas hasta el final porque, si no, todo se queda en pequeñas trifulcas que no aportan nada, absolutamente nada.
Comprendo las críticas que se pueden verter sobre mi deporte favorito, pero no entenderé nunca el silencio. El silencio es un arma contundente y débil al mismo tiempo para el que lo utiliza.
La historia del boxeo ha estado plagada de anécdotas y de dramas.El boxeador Emile Milou Spider Pladner, quien en 1929 y durante 45 días había conocido la gloria de ser el campeón del mundo de peso mosca sustituyendo al americano Frankie Genaro, se hundiría en la noche al final de su carrera; se quedó ciego después de una operación en la retina.
Todos sus ahorros se fueron en intervenciones quirúrgicas y en su largo viaje de clínica en clínica. Ayudado por su mujer y con una enorme dignidad, aprendió el braille, terminó convirtiéndose en masajista del Instituto Nacional de Deportes francés y expiró el 14 de marzo de 1980 en Plaisance du Gers, donde se había retirado después de vivir 43 años en
las tinieblas.
Con ocasión de las polémicas que revolucionaron el mundo del boxeo hacia el final de los años 50, principalmente a causa del proceso que otro boxeador ciego entabló contra la federación francesa y contra su médico, sacaron a Pladner de su silencio para que alzara su voz en favor del pugilismo: «Si pudiera rehacer mi vida, haría lo mismo aun sabiendo lo que
me esperaba. El boxeo es un deporte maravilloso, pródigo en gloria y en dinero. ¡Fui plenamente feliz! Ahora estoy pagando mi tributo, pero estoy contento. Sobre todo que no crean que estoy amargado: el boxeo me ha dado mis mayores alegrías. Soy de origen modesto y quizá me habría convertido en un humilde obrero en la fábrica de neumáticos Michelín. El boxeo me ha permitido conocer Europa, Australia, América y Africa».
Nadie, ninguno de nosotros tenemos derecho a negar que los sueños y las pasiones se realicen. Ni somos nadie para impedir que los gimnasios estén llenos de pugilistas en ciernes. Cientos abandonarán la práctica de tan duro deporte y muy pocos accederán a la gloria de disputar un campeonato importante. Pero, mientras tanto, no estarán en la calle.
Correrán por la mañana, trabajarán y harán guantes por la tarde. El boxeo que no aparece es precisamente el que se practica en las salas pugilísticas. Ilusiones perdidas, satisfacciones y sobre todo disciplina y trabajo. Por todo ello vale la pena luchar por que este deporte salga
del purgatorio.
¿Conocen ustedes a un boxeador de Madrid, en impecable estado de salud después de haber defendido seis veces su título de campeón mundial, que se llama Javier El Lince Castillejo?
Eduardo Arroyo es pintor y escultor. Impulsa y preside el recién creado club Los Cien Hijos de Joe Louis, que agrupa artistas, creadores e intelectuales como José Luis Garci, Bigas Luna, Eduardo Urculo, Javier Bardem, Ray Loriga, Ramoncín, Leonor Watling, Sergi Arola y Isabel Azcárate, entre otros.
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